La tranquilidad (y el estrés para conseguirla)

La siempre presente amenaza del estrés.

No es poco común que estemos estresados, sintamos que nuestros quehaceres nos ahogan y que el tiempo se nos eche encima. Tampoco es poco común que percibamos cierto sentimiento de culpabilidad ante la avalancha de mensajes promocionales para conseguir tan ansiado “mindfulness”. “¿Estas estresado y no sabes cómo solucionarlo?”, suele ser la pregunta…

“Tómate esta pastilla”, “léete mi libro”, “asiste a mi seminario”, “cómprate mis videotutoriales”, “ven a mi hotel”… son algunas de las respuestas. Hay una industria importante que se alimenta de nuestra necesidad de calmar la mente, y la cantidad de oferta parece abrumadora. Puede que muchos de estos productos sean genuinamente beneficiosos y nazcan de buenas intenciones, pero pretenden solventar el problema desde una perspectiva errónea: presentan la “tranquilidad” como su producto.

La tentadora oportunidad de calmarlo.

Es una perspectiva problemática, ya que anuncia la “tranquilidad” como un consumible que no requiere más involucración que el dinero. Esto es un error de base que sólo conduce a la frustración, ya que pretende que corrijamos comportamientos internos únicamente con estímulos externos.

La tranquilidad es un hábito, y los hábitos se construyen con la práctica y la educación. Es el modo en el que nos comportamos y las herramientas que disponemos para afrontar cada problema. Y ello requiere mucho esfuerzo, un aprendizaje adecuado y sobre todo, la intención de observar el porqué de nuestros comportamientos negativos y habituarse a conducirlos a actitudes positivas.

En lo que respecta al Taichí, es una disciplina que trabaja herramientas útiles para la relajación: control y consciencia de la respiración, atención corporal y paciencia. Si deseas emplear dichas herramientas para lograr un cambio de actitud, es trabajo tuyo.

 

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2017-11-15T12:21:29+00:00

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