Los 8 beneficios (objetivos) del Taichí

Son muchas las explicaciones esotéricas que se dan a menudo sobre los beneficios de una disciplina o técnica corporal. En el amplio mundo de las llamadas «terapias naturales» para mejorar la salud y el bienestar, no es habitual encontrar estudios serios que corroboren su eficacia. Por eso, es conveniente abandonar misticismos y connotaciones religiosas para poder valorar en qué medida practicar algo, puede ser útil para mejorar nuestro estado orgánico y mental.

El Taichí tiene detrás siglos de práctica y su origen está en las artes marciales. Pero lo que ha hecho que se divulgue a nivel mundial son los efectos beneficiosos en la salud de quiénes lo practican. Afirmar cosas tales como que «mejora el flujo energético del cuerpo» o que «nos conecta con la energía de la tierra» no son más que frases ambiguas que no ayudan a dar al Taichí la explicación racional que se merece. Por eso, vamos a tratar de desglosar aquí esos beneficios que sí pueden corroborarse de forma empírica y personal.

1. Mejora en la postura corporal

El primer elemento beneficioso consiste en la corrección postural que implica su práctica. Aspectos tales como alinear la columna vertebral, cargar el peso de forma adecuada en las rodillas o relajar los hombros al mover los brazos, no sólo evitan contracturas en la espalda, sino que pueden tener un efecto terapéutico en dolencias como el lumbago o el dolor articular.

2. Relajación por control respiratorio

Adecuar el ritmo de los movimientos al de la respiración no sólo ayuda a moverse con más suavidad y consciencia, sino que permite adquirir un control sobre la relajación general del organismo. Al aprender a respirar de forma pausada, el ritmo cardíaco disminuye, reduciendo así la probabilidad de que éste se altere de forma repentina.

3. Coordinación psicomotriz

Las secuencias de movimientos implican la ejecución coordinada del manejo de brazos y piernas, mediante el control de la cintura pélvica. Cuanto más variados y complejos son estos movimientos, mayor destreza adquirimos del manejo del sistema músculo-esquelético, y mayor consciencia adquirimos sobre si realizamos un uso suave y fácil del mismo, o si lo utilizamos de manera tensa y torpe.

4. Equilibrio corporal

La lentitud en los pasos, el cambio de peso progresivo de una pierna a la otra, y el mantener posiciones sobre una sola pierna, hacen que el sistema nervioso afine su propiocepción. De esta forma, vamos incrementando su capacidad de mantener el cuerpo equilibrado, y de reajustar la posición para evitar caídas si tropezamos o resbalamos.

5. Fuerza en las piernas

Mantener posturas flexionadas obliga a un trabajo continuo de los músculos de los muslos (cuádriceps), fortaleciendo así las piernas e induciendo en éstas el esfuerzo principal de sostén corporal. Cuando las piernas están débiles por una vida sedentaria (por ejemplo), el mantenimiento de la postura erguida se realiza más en la espalda, usando músculos cuya respuesta a este sobre-esfuerzo es la tendencia a contracturarse. La práctica regular va aportando el tono adecuado a los cuádriceps, facilitando movimientos como andar, correr, subir escaleras, etc.

6. Ahorro energético

Unos de los elementos claves en el Taichí consiste en aprender a moverse con el mínimo de esfuerzo y el máximo de eficacia. Cada gesto que realizamos trata de tensar el menor número de músculos, adquiriendo así un control sobre la tensiones innecesarias que, en muchos músculos, pueden acabar generando dolores por hipertonía. En este sentido, no se trata tanto de «generar energía», sino de aprender a preservarla.

7. Incremento de la temperatura corporal

El trabajo en la piernas que hemos citado, fomenta un trabajo continuo y progresivo del sistema vascular. Esto no provoca, sin embargo, que se incremente el ritmo cardíaco,  lo que convierte al Taichí en una disciplina deportiva especialmente indicada para personas con problemas de corazón. La consecuencia directa de este esfuerzo. pequeño pero continuo, es que todo el cuerpo se vaya calentando poco a poco. Es como si cocináramos a fuego lento, impidiendo al organismo entrar en una situación de destemple.

8. Concentración mental

Seguir una secuencia de Taichí no es tarea fácil, sobre todo el inicio de la práctica, pues requiere atender a muchos aspectos: postura del cuerpo, coordinación de brazos y piernas, pisada del pie, respiración, etc. Eso hace que la mente no pueda estar en ningún otro pensamiento que no sea el de la estricta práctica. Con ello, logramos que nuestra conciencia aprenda a centrarse en tareas concretas, mejorando procesos cognitivos como la atención focalizada  y la atención sostenida, tan necesarias en múltiples actividades cognitivas.

 

Otros efectos beneficiosos del Taichí también han sido analizados de forma empírica. Aquí hemos querido mostrar aquellos más fácilmente verificables a nivel personal por cada uno. Porque, en definitiva, es cada cual el que ha de evaluar si esta disciplina es útil para su bienestar particular.

2019-02-03T15:22:02+00:00

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